domingo, 1 de enero de 2017

Compartir la luz de la solidaridad con los refugiados




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Compartiendo la luz de la solidaridad con los refugiados de Palestina, con los millones de refugiados que huyen de las guerras del mundo, dándoles apoyo en las noches más oscuras. Pidiendo a los Gobiernos que los acojan y a la ciudadanía de los países a los que llegan pidiendo asilo que desplieguen el humanitario calor de la solidaridad. 

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.

   John Donne: "Meditación XVII" de Devotions Upon Emergent Occasions (1624)





domingo, 18 de diciembre de 2016

Sindicatos: bienvenidos al mundo real

¡Albricias, parece que los sindicatos comienzan a caerse del burro! Tras varias décadas enarbolando pancartas con esa leyenda viejuna de "más y mejor empleo" a la par que la automatización lo destruía en las empresas, ahora UGT habla, por primera vez, de implantar un impuesto tecnológico como una vía de financiación de las pensiones.

El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, ha sugerido en el Congreso que el presupuesto de la Seguridad Social para todas las pensiones contributivas se complemente con impuestos. Para lograr recursos, entre otras vías (gravamen a las grandes fortunas, eliminación de las bases máximas de cotización suprimir las subvenciones a la contratación) Álvarez propone estudiar un impuesto a las nuevas tecnologías que han destruido empleo. Estos sindicalistas han tardado años en caerse del burro. Porque llevan décadas enarbolando pancartas con esa leyenda viejuna que reclama "más y mejor empleo" en un entorno en el que los procesos de automatización destruyen empleos a toda velocidad.

Al menos de manera oficial, hasta hoy
UGT no se había dado cuenta de que "muchas gasolineras no tienen trabajadores, la banca ha perdido miles de puestos de trabajo por su acceso a Internet y estos elementos siempre habían tenido una compensación por la vía de la reducción de jornada", pero al no producirse se debería compensar por la vía de la financiación de la Seguridad Social, como explica ahora el líder del sindicato. Desde luego, la banca debería ser la primera en cotizar, tanto por sus cajeros automáticos y operaciones electrónicas realizadas directamente por los clientes, como por las cuantiosas ayudas recibidas del contribuyente destinadas a evitar la ruina a la que conducían los manejos delicuenciales de sus gestores. 

Después de un largo periodo de ausencia de la movilización social, UGT y CCOO han iniciado un proceso de concentraciones en todo el país culminado en la manifestación celebrada hoy en Madrid bajo el lema "Las personas y sus derechos, lo primero". Protestando por los límites impuestos por el Gobierno al diálogo social y para exigir "más y mejor empleo", salarios dignos, pensiones suficientes y sostenibles, y una renta mínima contra la pobreza y la desigualdad.
 

Esa viejuna consigna de "más y mejor empleo" mal se compadece con esa renta mínima que ahora piden los sindicatos contra la pobreza. Pues, si tanta fe depositan en el empleo, para qué pedir una renta mínima. La paradoja se agudiza cuando se pone de relieve la evidencia de que no hay empleo suficiente para todo el mundo. ¿Cómo aspiran, entonces, los sindicatos a paliar la pobreza de una persona con una paga situada por debajo del umbral de la pobreza? La prestación que reivindican es un derecho subjetivo que dotaría de una renta de 426 euros mensuales a personas de 16 a 64 años demandantes de empleo sin ingresos o inferiores en cómputo anual al 75% del SMI, 5.800 € por persona al año, y que se percibiría mientras se mantengan las condiciones que dan derecho a la prestación. En definitiva, insuficiente y condicional.

Algunos dirán que más vale pájaro en mano, puestos a elegir entre no recibir nada y cobrar 426 euros, aun a costa de someterse a humillantes controles por parte de los agentes encargados de verificar su situación oficial de pobreza a través de la prueba de recursos. Pero a estas alturas, esa no es la solución que pide a gritos la justicia social en un momento histórico caracterizado por los efectos de la Cuarta Revolución Industrial que se estima dejará sin empleo al 80% de la población.

Sindicatos, bienvenidos al mundo real, aunque lo hacéis con tanto retraso que tendréis que dar grandes zancadas si queréis llegar a tiempo de participar en la resolución del conflicto social que plantea el avance tecnológico. Hace falta tener mayor altura de miras y luchar por el establecimiento de un auténtico ingreso incondicional de ciudadanía que garantice la suficiencia de recursos para existir con dignidad en una época en la que el empleo ha dejado de ser el elemento integrador de la mayoría social. Claro que eso implica romper la inercia y salir de la zona de confort ideológico en la que todavía se hallan instalados los cuadros sindicales. Se van cayendo del burro, pero para aceptar la renta básica universal tendrían que subir de categoría en las caídas. Necesitan un caballo, y no precisamente de vapor.


La automatización es algo que se veía venir desde hace mucho tiempo. En 1948, Norbert Wiener (1894-1964) matemático estadounidense considerado el ‘padre’ de la Cibernética, publicó Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine, obra en la que expone los fundamentos de las nuevas ciencias del control. Consciente de las consecuencias sociales que plantearía el desarrollo de las aplicaciones tecnológicas derivadas de la automatización, Wiener intentó advertir a gobernantes y sindicalistas sobre el conflicto entre tecnología y empleo que se avecinaba, sugiriendo la idea de compensar a los ciudadanos con algún tipo de ingreso garantizado. Citamos literalmente:
 
Este nuevo desarrollo tiene posibilidades ilimita das para bien y para mal. [...] Da a la raza humana una nueva y más eficaz colección de esclavos mecánicos para realizar su trabajo. Tal labor mecánica tiene la mayor parte de las propiedades del trabajo de esclavos, aunque, a diferencia de él, no lleva consigo los directos efectos desmoralizadores de la crueldad humana. Sin embargo, cualquier trabajo que acepta las condiciones de competencia con el trabajo de esclavos, acepta las condiciones del trabajo de esclavos y es esencialmente un trabajo de esclavos. La palabra clave de esta manifestación es competencia. Puede ser algo muy bueno para la humanidad el tener máquinas que le eviten las tareas serviles y desagradables, o quizá no lo sea. Yo no lo sé. No puede ser bueno para esas nuevas potencialidades ser contabilizadas en términos de mercado, o en cuanto al dinero que ahorran, y son precisamente los términos de mercado abierto, la “quinta libertad”, los que han llegado a ser la contraseña del sector de la opinión americana representado por la National Association of Manufactures y el Saturday Evening Post. Digo opinión americana porque, como americano, la conozco mejor, pero los mercachifles no reconocen fronteras”.

Quizá pueda clarificar la base histórica de la situación presente si digo que la primera revolución industrial, la revolución de las “negras hilanderías satánicas”, supuso la desvalorización del brazo humano en competencia con la máquina. No hay salario suficientemente bajo de un simple obrero de pico y pala de los Estados Unidos que pueda competir con el trabajo de una pala mecánica como una excavadora. La moderna revolución industrial se limita similarmente a desvalorizar el cerebro humano, al menos en sus decisiones más simples y rutinarias. Por supuesto, del mismo modo que un carpintero experto, un mecánico experto, un sastre experto, en cierto grado han sobrevivido a la primera revolución industrial, así el científico y el administrador experto pueden sobrevivir a la segunda. Sin embargo, considerando la segunda revolución como realizada, el ser humano medio de mediocres conocimientos no tiene nada que vender que merezca la pena comprarse. La respuesta, por supuesto, es tener una sociedad basada en valores humanos que no sean el comprar o vender. 


Transcurrido más de medio siglo desde las intuitivas advertencias de Wiener, nos hallamos inmersos en la Cuarta Revolución Industrial. Tras la automatización de la industria en el siglo XVIII (Industria 1.0), la división del trabajo y la producción en cadena de principios del siglo XX (Industria 2.0) y la revolución tecnológica de finales del siglo XX (Industria 3.0), ahora se trata de la digitalización de los sistemas de producción –en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D– que impactará en las empresas, afectando a las personas, la sociedad y los países.

Es seguro que se crearán nuevos empleos altamente cualificados, no obstante, la diferencia entre estos nuevos empleos y la desaparición de oficios obsoletos arrojará un saldo de destrucción neta de empleo. Estamos, pues, cada vez más cerca del modelo que hace tiempo se ha descrito como Sociedad 20-80, en la que bastará el trabajo de alredededor del 20% de la población activa para hacerla funcionar. Esa minoría de trabajadores cualificados será suficiente para asegurar el control de las máquinas y los procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural.

Todo esto no son hipótesis ni profecías futuristas, son hechos tangibles cuyas consecuencias sociales no han sido debidamente valoradas por las formaciones políticas y sindicales con teórica capacidad para formular soluciones a la creciente desigualdad social. Prometer empleo cuando el empleo se ha convertido en un artefacto obsoleto parece cosa de locos. Otrora, el empleo fue un factor liberador al facilitar que las personas, al obtener un razonable nivel de ingresos, pudieran encuadrarse dentro del marco socioeconómico de su país. Pero ese potencial liberador del empleo no sólo se ha desvanecido, sino que se ha transmutado en su contrario, convirtiéndose en un elemento de dominación.

De entrada, el empleo plantea siempre un desequilibrio de fuerzas en el acto contractual por el que una persona vende a otra su tiempo, fuerza y capacidad de trabajo, a cambio de un salario. Tal vez en una sociedad idílica ese contrato pudiera celebrarse en condiciones de igualdad. Pero en la sociedad real en que vivimos, el contrato laboral se realiza bajo un ordenamiento legal en el que una de las partes, la empleadora, obtiene grandes ventajas (disposición del tiempo, organización, disciplinaria) sobre la otra parte, la empleada. Es decir, que el empleo no sólo no garantiza la igualdad, sino que contribuye a perpetuar la dominación de una clase social sobre otra. Y si ese dominio fue alguna vez atenuado por legislaciones progresistas, en la actualidad el triunfo de la doctrina neoliberal está llevando la situación de dominio a condiciones que recuerdan las que imperaban en el siglo XIX.

O los sindicatos de reinventan y ofrecen soluciones adecuadas al siglo XXI, o los perdedores de la sociedad, ante la falta de alternativas, emulando a los ludditas ingleses del siglo XIX, tendrán que recurrir, ultima ratio, a la destrucción de las máquinas.


martes, 6 de diciembre de 2016

Rentas minimalistas: ¿Se ocuparán Gobierno y Parlamento de subir la pensión mínima y el subsidio por desempleo?



Constitución Española Artículo 41: Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. Artículo 50: Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad.



Portada de El Economista.es

A raíz de una iniciativa de Unidos Podemos, el Congreso de los Diputados admitió a trámite la Propuesta de Ley para fijar un calendario de subida progresiva del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 800 euros en enero de 2018, y a 950 a comienzos de 2020 (en 14 mensualidades). Horizonte elegido con buen criterio estratégico, ya que si la propuesta hubiera sido para 2017, Rajoy la habría descartado olímpicamente en base a la facultad que permite al Ejecutivo vetar proposiciones de ley o medidas del Congreso que impliquen incremento de gasto en relación con el previsto en los Presupuestos. De esta forma, al menos, se verá obligado a estudiarla.

El caso es que, con la propuesta de la formación morada, en 2017 el SMI se habría mantenido igual que hasta ahora. En eso llegó el PSOE, que necesitado de rentabilizar algún logro frente a la situación de debilidad por la que atraviesa el partido, alcanzó un acuerdo con el Gobierno para subir un 8% el SMI, desde 655,20 € a 706 € mensuales.

Los socialistas venden ese acuerdo como una gran victoria: la mayor subida en treinta años. Lo cual, siendo cierto, no oculta el hecho de que a lo largo de esas tres décadas también gobernaron. Y, salvo durante el primer mandato de Rodríguez Zapatero en el que hubo una subida apreciable tanto del SMI como de las pensiones mínimas, el resto de sus gobiernos tampoco se preocuparon mucho de conseguir que el SMI estuviera en línea con la media de los países homólogos de la Unión Europea. Nos encontramos a la altura de países como Grecia, Eslovenia o Malta. Muy por debajo de los salarios mínimos establecidos en países como Francia, Reino Unido o Alemania, que duplican el SMI español.

Lo que no se entiende muy bien es el cabreo de sindicatos y podemitas ante esta subida. Los primeros, porque llevan años desaparecidos del ámbito de esta reivindicación. Los segundos, porque este aumento no contradice para nada su propuesta. Si acaso, la adelanta en parte, pues, al fin y al cabo, los trabajadores afectados ya pueden contar en 2017 con algo más de dinero en el bolsillo mientras aguardan la llegada de 2018 en la que tendría que aplicarse la subida a 800 euros propuesta por UP. Formación que debería preocuparse, desde este mismo momento, de ir tejiendo la estrategia de acuerdos necesaria para hacer realidad esa cifra mínima. Porque no basta con enarbolar la bandera, hay que conquistar la posición. Como señala con acertado criterio, Alberto Montero, portavoz parlamentario de Economía de UP: "Donde realmente se cambian las cosas es en las instituciones"


Por lo que respecta al SMI, no se puede olvidar que se trata de una referencia salarial mínima que, en la práctica, ni siquiera llega a percibir la mayoría de los trabajadores precarios. En concreto, más de seis millones de trabajadores, casi uno de cada tres,  (el 31%) tiene unos ingresos inferiores al SMI anual. Lo singular es que se trata de trabajadores con empleo —incluidos los autónomos— y que han estado ocupados alguna vez a lo largo del año. No se trata, por lo tanto, de desempleados o de personas socialmente excluidas.
 

En efecto, por más que la ministra del ramo diga que en España nadie puede cobrar un sueldo por debajo del SMI, los empleadores tienen a su disposición mil y una estratagemas para burlar este salario mínimo. Algunas de ellas asquerosamente legales, como la contratación parcial, por horas, días, etc. Otras, directamente gansteriles, del tipo: "firmas un contrato de media jornada y trabajas ocho horas o te vas a la puta calle". Y no hay un cuerpo de Inspectores de Trabajo lo suficientemente numeroso y eficaz para controlar esta extorsión laboral generalizada.

Un efecto positivo de la subida del SMI es su reflejo automático en la Renta de Garantía de Ingresos vigente en Euskadi que supondrá una subida de unos 50 euros a los 65.000 beneficiarios de estas prestaciones, que van indexadas al SMI y se revalorizarán de manera automática. La Ley de Garantía de Ingresos aprobada en 2008 y en vigor desde 2009 fijó el cobro de un salario social como derecho para quienes no tienen recursos y también para los que ingresan nóminas o pensiones precarias. Las modalidades básicas se calculan con un porcentaje del SMI, aunque computado a 12 pagas y no a 14, como hace habitualmente el Gobierno central. Una persona con necesidades que viva sola cobra un 88% del SMI, una pareja el 113% y una familia de tres o más miembros el 125%.

Pero hay otras rentas ‘minimalistas' pagadas por el Estado, de las que no se ocupa el Parlamento, que suponen, de facto, mantener a sus perceptores en situación de pobreza. ¿Se acuerdan de los famosos 426 euros que perciben los desempleados de larga duración en concepto de subsidio por desempleo?

Esa cifra es el 80% del IPREM, un desafortunado indicador aprobado en su día con la anuencia sindical que ha devaluado la cuantía del subsidio. Pues, de haber continuado el criterio inicial adoptado en su día por el Estatuto de los Trabajadores, que fijaba el subsidio en el 75% del SMI, ahora, tras la subida de este, la paga de los desempleados sería de 530 euros. Por contra, el Ministerio de Empleo no prevé incrementar este indicador de cara al próximo ejercicio, por lo que será el sexto año consecutivo en el que se congele la cuantía del IPREM, que en la actualidad está en los 532,51 euros mensuales.

Pero la cifra de 426 euros parece haberse convertido en totémica, pues incluso la iniciativa conjunta puesta en marcha por los sindicatos Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores para solicitar la implantación de una renta mínima (condicional, por supuesto) cifraba su cuantía en los dichosos 426 euros que a nadie saca de pobre.(*)

En fin, el otro gran capítulo de la pobreza establecida por Real Decreto, es el que se refiere a las pensiones. Según publica El Economista.es, nada menos que 4,7 millones de pensiones, prácticamente la mitad de los 9,3 millones que se abonan mensualmente, cobran cuantías inferiores a la que fija el salario mínimo anterior a la subida, 655 euros hasta ahora. En concreto, y según las estadísticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, casi 700.000 pensionistas cobran al mes cantidades inferiores a los 300 euros. Los hay jubilados, sí, aunque en este tramo prevalecen aquellos que cobran pensiones de orfandad o en favor de familiares.

Pero es en el siguiente tramo donde se concentra mayor cantidad de personas. Nada menos que 3,5 millones de pensionistas reciben cuantías mensuales de entre 300 y 648 euros. Es más: son casi dos millones, el 23% del total, los que cobran entre 600 y 648 euros. Más allá de la pensión media, situada hoy en los 909 euros (la de jubilación en los 1.047), la pensión típica se sitúa aproximadamente en los 625 euros: ningún otro tramo de renta analizado cuenta, ni de lejos, con tantos perceptores. El siguiente tramo, de hecho, es el de aquellos que perciben entre 700 y 800, que son algo más de 800.000.

Y lo más grave es que el grueso de esa pensión típica no corresponde a pensiones asistenciales, sino a pensiones contributivas, es decir, prestaciones a personas que han cotizado al sistema, y que, en la mayoría de los casos, al verse afectados por el paro de larga duración, cotizaron (vía subsidio al desempleo) por el mínimo al final de su carrera profesional. Siendo sobre ese periodo sobre el que se les calculó la cuantía de la pensión.


Sería de estricta justicia que la pensión mínima contributiva (603 €) fuera equiparada al SMI. Pero, descuiden, que nada de esto se hablará hoy entre los asistentes a los fastos del Día de la Constitución. Y lo peor es que tampoco se hablará mañana.

Actualización al 1 de enero
Las pensiones sufrirán en 2017 la mayor pérdida de poder adquisitivo en cinco años

El Gobierno ha aprobado una subida de las pensiones del 0,25% para 2017. Se trata del mínimo contemplado en la última reforma de las pensiones que aprobó el Ejecutivo de Rajoy. En principio, ese dato es el resultado de una fórmula que tiene en cuenta varios datos, como la evolución de la afiliación a la Seguridad Social o de sus cuentas. Esa fórmula no se ha hecho pública.

Esa ridícula subida junto a una inflación media que ronde el 1,5% arrojará una pérdida de poder adquisitivo de al menos 1,2 puntos para las personas que cobran una pensión. Una brecha que no era tan grande desde 2011: ese año, el Gobierno congeló las pensiones y la inflación media fue del 3,2%. En 2012, la inflación media fue de un 2,4% y las pensiones subieron un 1%. 


Sin embargo, el gran problema que ha preocupado a la opinión pública nacional ha sido las restricciones a la circulación del vehículo privado en Madrid debido a la contaminación.





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(*) La prestación que demandan los sindicatos es un derecho subjetivo que dotaría de una renta de 426 euros mensuales a personas de 16 a 64 años demandantes de empleo sin ingresos o inferiores en cómputo anual al 75% del SMI, 5.800 € por persona al año, y que se percibiría mientras se mantengan las condiciones que dan derecho a la prestación.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Debate en Fuenlabrada: Decrecimiento y Renta Básica


 Un nenúfar en un estanque dobla su tamaño todos los días. Sabiendo que necesita treinta días para cubrir toda la superficie del estanque, asfixiando toda forma de vida acuática, ¿cuándo habrá cubierto la mitad, última oportunidad para evitarlo? La respuesta, pese a su evidencia, es sorprendente: es en el vigésimo noveno día. 

La sugerente parábola del nenúfar, que ilustra muy bien los problemas derivados del crecimiento exponencial,  ilumina las falacias escondidas detrás de una de las grandes supersticiones alentadas por la maquinaria propagandística del Sistema: el Crecimiento. El mito del crecimiento económico eterno como panacea universal para remediar todos los males derivados de la crisis global que se cierne sobre nuestro planeta. Crecer o no crecer, he aquí el dilema que los dirigentes políticos plantean a sus votantes para resolver los problemas del mundo. Ya se trate del galopante desempleo que azota a las naciones industrializadas, de la pobreza extrema en que vive gran parte de la población del mundo, la respuesta del Aparato es siempre la misma: crecer. Como si no hubiera otra alternativa, por ejemplo, efectuar un mejor reparto de la riqueza ya existente.

Lograr un mundo sostenible implica alcanzar también una sostenibilidad moral. Y el primer paso en este objetivo consiste en poner fin a la pobreza, garantizando que todas las personas que respiran el aire común de la Tierra puedan hacer realidad su derecho a llevar una existencia digna. Es preciso revisar la noción sociopolítica del Bienestar que ha imperado hasta ahora. No hablamos de suprimir las prestaciones sociales del Estado del Bienestar para que sea la iniciativa privada la que provea los servicios, como propugna el neoliberalismo. Lo que precisa una profunda revisión conceptual es esa forma de entender el bienestar sólo desde la óptica del crecimiento de los niveles económicos y de consumo de la población.

En este artículo anterior me he referido al papel que podría jugar la renta básica universal a la hora de efectuar la transición a un mundo sostenible.
 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Farewell, Leonard




El legendario cantautor y poeta canadiense Leonard Cohen ha fallecido este viernes a los 82 años, según ha informado su familia a través de su perfil oficial en Facebook. Deja en el imaginario colectivo himnos, como So long, Marianne, Hallellujah o la canción que dedicó a Janis Joplin, Chelsea Hotel. The Partisan es una versión del himno de la resistencia francesa La Complainte du partisan compuesta por Emmanuel d'Astier de la Vigerie.


The Partisan
Leonard Cohen

When they poured across the border
I was cautioned to surrender
This I could not do
I took my gun and vanished.

I have changed my name so often
I've lost my wife and children
But I have many friends
And some of them are with me

An old woman gave us shelter
Kept us hidden in the garret
Then the soldiers came
She died without a whisper

There were three of us this morning
I'm the only one this evening
But I must go on
The frontiers are my prison

Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come
Then we'll come from the shadows

Les Allemands étaient chez moi
Ils me dirent, "résigne toi"
Mais je n'ai pas peur
J'ai repris mon âme

J'ai changé cent fois de nom
J'ai perdu femme et enfants
Mais j'ai tant d'amis
J'ai la France entière

Un vieil homme dans un grenier
Pour la nuit nous a caché
Les Allemands l'ont pris
Il est mort sans surprise

Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come
Then we'll come from the shadows






jueves, 10 de noviembre de 2016

El Castellar de Meca: Iberia privatizada

El Castellar de Meca es un poblado ibérico ubicado en el puntal de Meca, en el extremo noroeste de la sierra del Mugrón, cerca de Ayora (Valencia). Este impresionante conjunto es uno de los emplazamientos iberos de la Edad del Hierro más espectaculares de la península. A la vez que desconocido por la mayoría, al ubicarse en una finca privada cuyos propietarios dosifican con cuentagotas el acceso al poblado.

Estamos hablando de un yacimiento de la época ibera fechado en los siglos V-II aC, con una primera ocupación documentada en la Edad del Bronce y otras posteriores en época romana y medieval, posiblemente con pervivencia hasta el siglo XIII-XIV. A la importancia histórica se une la espectacularidad del enclave, en lo alto de un elevado cerro cuya vertiente este está cortada a pico. Desde sus 1.058 metros de altitud sobre el nivel del mar, el emplazamiento permite contemplar una vasta panorámica de la región.

Julián Zuazo, autor de una publicación dedicada a Meca, editada en 1916, ya escribía: "Seguramente que esas compañías de turistas que a grandes gastos y con duras fatigas van a países muy lejanos a buscar paisajes nuevos e impresiones vivas de la naturaleza, no han contemplado jamás un cuadro mas grandioso ni gustado el deleite grave de estas ruinas potentes y pintorescas olvidadas en una comarca desconocida, ahogadas, en una luz deslumbrante en la cima de rocas vertiginosas".

Pero no es la verticalidad de los paredones orientales el único obstáculo que dificulta el acceso al Castellar de Meca. Pese a contar con la declaración de Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1931, sus vetustas piedras están ubicadas en una finca privada cuyos dueños administran el acceso a su antojo. Un arruinado panel de madera, en el que apenas se adivina la inscripción del Ministerio de Cultura, es testigo de la dejación de las autoridades respecto a un yacimiento en el que apenas se han realizado excavaciones.

Es un auténtico oprobio que un vestigio histórico de la importancia del Castellar de Meca no sea de titularidad pública. Y en cualquier caso, lo que resulta de todo punto impresentable es que el acceso al mismo esté sometido a la arbitrariedad de intereses privados, como se desprende del texto
literal de la "web oficial' del Castellar: "La Ley de Patrimonio Histórico Artístico de 1985 vigente indica que se deje el acceso libre a los visitantes cuatro días al mes. Por tanto los propietarios hemos establecido el siguiente horario de visitas: Todos los domingos del año". En la página Arqueotur hay comentarios de casos en que los dueños de la finca han rayado la carrocería y pinchado las ruedas de los coches de los visitantes que han intentando acceder en fuera de este restrictivo calendario.
 
La indignante privacidad de Meca contrasta con la cuidadosa excavación y conservación de otro asentamiento iberico mucho más pequeño que Meca: la Bastida de les Alcusses, ubicada 60 km más al este, en el término de Moixent, cuyo municipio muestra con orgullo una reproducción a gran escala de la pequeña figura 
encontrada en el lugar: Guerrero de Moixent. Este poblado está plenamente accesible al público, y cuenta incluso con servicio municipal gratuito de visita guiada.

Asimismo, en la cercana localidad de Alpera existen varias cuevas que albergan pinturas rupestres. En concreto, la cueva de la Vieja es una de las estaciones con arte rupestre más relevantes del sector oriental peninsular que, desde 1998, ha sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Accesible al público previa visita concertada con el servicio de cultura municipal que facilita la asistencia de Rafa, un guía cordial entusiasta.


Reconstrucción de las pinturas de la Cueva de la Vieja



El Castellar de Meca

El lugar ya es citado en el documento de "Amojonamiento entre la villa castellana de Chinchilla y la aragonesa de Ayora", de 1411. También es objeto de la visita por Cabanilles, Conde de Lumiares y eruditos del XVIII y XIX, y por Pierre París y A Schulten.

Tallada en roca, la ciudad-fortaleza sorprende por sus amplias dimensiones (ocupa más de diez hectáreas de superficie), por su compleja red de recogida de aguas (basada en canalillos y grandes y numerosos –superior al centenar- aljibes tallados en roca viva) y, sobre todo, por el camino de acceso de carros al recinto, de cerca de un kilómetro de longitud. Además se conservan restos de las murallas ciclópeas, torres defensivas, casas semiexcavadas en la roca, escaleras, pesebres y abrevaderos...

Con una acusada pendiente, el denominado Camino Hondo constituye una asombrosa obra de ingeniería prerromana, sin paralelo en la península ibérica. El último tramo discurre por una trinchera excavada en roca de unos cinco metros de profundidad. Para superar la pendiente se alargó el recorrido y obligó a realizar una cerrada curva para cambiar el sentido del camino hacia el centro de la ciudad.

El suelo, sobre roca viva, presenta profundas marcas como consecuencia del paso de las ruedas de carro durante 1500 años. En los laterales se aprecian unas hendiduras en la piedra que, presumiblemente, servirían para introducir trancas de madera y sujetar así las ruedas evitando el deslizamiento por la pendiente.
 

Una vez llegados a la meseta se pueden observar habitaciones excavadas en la roca, escaleras, y numerosos depósitos (más de un centenar). No todos los depósitos serían aljibes, ya que algunos pudieron ser utilizados como graneros o almacenes. Las características del poblado sugieren que éste sería un gran almacén de productos agropecuarios que explicaría el camino de acceso para facilitar su transporte desde el llano. La construcción del camino y de los sistemas de almacenaje requiere de una clase dirigente con capacidad de organizar recursos y gestionarlos de forma eficaz. En épocas de depresión por malas cosechas o crisis, sería fundamental la defensa del lugar y sus recursos excedentarios almacenados en periodos de bonanza .

Vertiente oriental del Mugrón, con paredes cortadas a pico


Profundas rodadas producidas por el paso de carros  en la piedra del Camino Hondo


Aljibes excavados en la piedra caliza del Castellar de Meca



Ante este absurdo de poner puertas al campo, tanto cultural como serrano, es un deber cívico publicitar rutas alternativas para llegar a Meca. Advirtiendo, eso sí, que estas sólo están al alcance de la gente habituada a andar por el monte. Ya que exigen una ardua caminata y discurren a veces al borde de los acantilados de la vertiente oriental del Mugrón. La ruta se muestra en el siguiente video (*).


Y el track del recorrido en Wikiloc Ruta Sierra del Mugrón - Castellar de Meca.

Aunque las autoridades municipales ayorinas se posicionan del lado de la propiedad privada.

AyoraTurismo 30-jun-2016

El Ayuntamiento de Ayora comunica que el recorrido correcto para realizar esta ruta es saliendo desde el parking de Meca dirección hacia el Poblado Íbero. La parte señalizada en esta ruta atraviesa una finca privada (Casa del Heredero), zona por la que está prohibido el paso. Ruta de inicio: Salida desde el parking de meca, ascenso hasta el Poblado Íbero de Castellar de Meca y desde ahí se pasaría al resto de la Sierra del Mugrón por el camino señalizado para descender hasta el Arco de San Pascual. La ruta correcta de regreso se realiza por la misma senda de acceso al Arco, es decir, subiendo de nuevo a la Sierra del Mugrón hasta llegar al Poblado Íbero y bajando desde allí hasta el parking. 


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(*) Video tomado a partir de este blog.

jueves, 27 de octubre de 2016

Dauphin (Manitoba). La ciudad donde no existía la pobreza

Canadá mantuvo en su día un largo flirteo con la idea del Guaranteed Annual Income (GAI) o ingreso anual garantizado. Entre 1968 y 1980, se desarrollaron cinco experimentos de campo, dirigidos en principio a investigar el impacto del GAI en el mercado de trabajo. Una de esas experiencias se llevó a cabo en la localidad canadiense de Dauphin (Manitoba). En esta ciudad agrícola de tamaño medio, entre 1974 y 1979, se implantó el Minimum Income.



Canadá es un país que tuvo en su día un largo flirteo con la idea del Guaranteed Annual Income (GAI), o ingreso anual garantizado. Entre 1968 y 1980, se desarrollaron cinco experimentos de campo, dirigidos en principio a investigar el impacto del GAI en el mercado de trabajo. Una de esas experiencias se llevó a cabo en la localidad canadiense de Dauphin (Manitoba). En esta ciudad agrícola de tamaño medio, entre 1974 y 1979, se implantó el Mincome (Minimum Income). Cada familia recibía una renta mínima mensual, salvo aquellas que ingresaban más de 13.000 dólares y tenían dos hijos o menos; las personas empleadas veían reducido este dinero en medio dólar por cada dólar ganado con el trabajo, una medida que tenía como objetivo premiar la búsqueda de empleo. La cuantía de la prestación era variable, desde unos testimoniales 100 dólares mensuales a unos 5.800 anuales para los que carecían de otros ingresos. Durante décadas, la mayor parte de los datos obtenidos del experimento Mincome durmieron en el olvido en un archivo de Winnipeg, hasta que fueron redescubiertos por la socióloga Evelyn Forget, que elaboró el estudio definitivo sobre el experimento canadiense, resumido bajo el título The Town With No Poverty: “La ciudad donde no existía la pobreza”.

Las conclusiones de Forget fueron concluyentes. Entre otros efectos, en Dauphin descendió la violencia doméstica y el número de accidentes de coche, así como las hospitalizaciones psiquiátricas. Pero, sobre todo, el experimento vino a desmentir con rotundidad la principal crítica de los detractores de la RBC, puesto que se demostró que la motivación para buscar empleo del principal trabajador de la familia no declinaba. Sin embargo, sí hubo un pequeño descenso en la ocupación de los adolescentes y las madres de niños pequeños, seguramente porque los primeros se veían liberados de la necesidad de apoyar económicamente a sus familias y las segundas podían dedicarse a cuidar de sus hijos.

Dauphin era una ciudad de unos pocos miles de habitantes que vivía de la agricultura, y en la que la mayor parte de sus habitantes estaban autoempleados, por lo que conocían bien lo que es vivir con la acuciante incertidumbre del agricultor, que la renta mínima había hecho desaparecer. “Mincome ofrecía estabilidad y predictibilidad; las familias sabían que iban a contar con algún apoyo, con independencia de lo que le ocurriese a los precios de la agricultura o el tiempo”, explica Forget en su estudio. “Sabían que una enfermedad repentina, una incapacidad o un evento económico imprevisto no sería económicamente devastador”. El efecto más claro fue la desaparición de esa incertidumbre inmovilizadora provocada por el miedo a perderlo todo y que hace estragos entre las clases más desfavorecidas. Además, gracias a la renta mínima se confirmó una de las hipótesis del experimento: al mejorar la salud de la población los costes de este servicio se redujeron, lo que compensaba la inversión.

Coincidiendo con la crisis de la economía global, a finales de los años setenta el Gobierno canceló el Mincome, cuyos documentos fueron almacenados durante décadas por motivos no suficientemente aclarados.